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Playa Köchel

 

memoria de la desmesura

 

 

perdí el texto que ya no puedo, el ajedrez fue cifrar la cacería

el texto de noche

de noche chacal tus voces otras traiciones

 tu cacería

cruz arena

las ojivas en la cadena de oro

tobillo blanco

el tacto último y la verde

oralidad

de la pregunta

que estás esperando que siempre nos damos nos dimos  somos ahí cuando caemos míseros sublimes en uno

 

y así fueron los años, así

como siempre fueron los ríos

el río, el ruedo

el velado sueño la seda negra

la tarde que dice

la permanente desmesura

 

nuestra puerta,

tu puerta cerrada

puerta alta en la torre que somos

que soy

cuando vos, torre contra caballo,

legislás un signo, el designio que dice y no

que ya has vivido

quién sabe

y no sabe

que no te muero y la gracia

si el aire de esta mañana

cuando los pájaros

 

 

 

nudelunio

somos la tierra nave incienso donde no se llora
el amor nunca ha sido el universo, sabes, amigo

el pájaro lleva la muerte en sus alas
y la música es
el alborozo
la montaña el río el saxo el arroyo de Bach
este vacío de réquiem de útero
un fragmento que equilibra todo el cielo
la guitarra tu peldaño la mano que asimos para morir

el bosque
mi cuerpo
alberga el eco del plenilunio y el estupor
de haberte visto
una vez

exánime
como un saxo triste, en abandono

 

 

Lectura de marzo

 

Un ave de presa cruza los cuerpos en tránsito
y anida sobre la piedra
Nos bebe del ensueño
ungido
si te he buscado uno
en la música griega y en el sol mediterráneo
en el naufragio del Mar Rojo
y en la hiedra que ninguna especie habita


Una luna de mercurio
se ha alzado entre serpientes
para que no olvide que has pasado por aquí

 


Celebración de la violencia

allí en los rostros de la tarde
el brazo firme
hiere el muro
y la penúltima puerta

no he querido
nada
más
que ese juego irreversible
del agua

 

Fallo perfecto

 

Como si fuera a morir en septiembre

mis teorías muero hoy

y vivo, sanguijuela roja.

 

Pulcro mosaico donde soy el fallo perfecto.

 

¿Vamos,

vampiro,

por las trampas?

Por los misterios

individuales: alfiles sin deriva que éramos.

Los misterios

-en uno-

que desesperamos sean.

 

Maltratarnos, océano primario.

Malnadar azules, amigo, si el instante.

 

Son, somos,

en tu risa con tu risa, cadalso.

 

En cursivas Isaías Garde

 

 

K.320

 

un continuo, sea, y el borde

 

los pedazos de la altura

dicen

el viento

en tu galaxia

 

la luz entera

 

 

Dinamarca

 

hoy quisieras olvidar

que siempre

la gran plegaria

es tu sed

 

insecto que combate

si desnudo

el eco

 

destruye la otra voz

 

la que sigue tu noche

la voz

de la especie

 

la voz que no sirve ya,

el veneno

en el oído

 

llámame fantasma, dubitación o padre

 

la torre

en Dinamarca

 

 

Dinamarca, II

 

que me iba a supo Quaronte

dijo que no era muro la fortaleza

ven a cenar a mi aljibe, dijo,

cuando la torre nos desmienta

 

beberemos lo que somos

la ventana en la copa alta, la cadena en el tobillo

júzgame cuando llegue, sed

 

que me iría, supiste

no te irás hoy, te irás mañana, dijo,

cabello en armas, luz en las rodillas, abolengo

 

no soy trigo, soy él

morir, dormir, anunciarte

acaso, en otra torre

en Dinamarca agua que no redime

 

sobreviviremos para que me duelas

hasta el río de Urbach

 

morir

y morir

 

la resistencia somos, en el borde

del veneno

  

 

Nube que éramos

 

No es ruindad el relámpago

ni tus monstruos

ni el breve paso en la llanura, soltá a los pájaros, dijo

cuando la nube se disolvía en deidades dobles.

La tragedia es lamentar la almohada rota,

cada cual su almohada

si se ha tejido el canon, la sonata, el mezquino beso, la total calumnia, la ley,

el beso todo, los suicidios,

ella

con el olor a laurel en su costilla.

 

Y que nos incendie

esta torpeza de limonero y escarcha, una piedra en el silencio tu voz

este engarce maquinario

a fuego y fuego,

la mirada vulgar que nos dicta la armonía del laberinto.

 

 

Buenos Aires - Marruecos - Venecia - Buenos Aires

 

amanece

no logro dormir y no pulsaré un teléfono infiel

los pájaros dicen lo que no quiero escuchar

enciendo el aire para que respires

pero no hallo el tesoro que Mardrus tradujo como la noche 845 de las 1001

corro la cortina y el cielo es nuestra melancolía a su hora

 

no quiero ser vulgar sola

conducime en camello hasta El Cairo. Inspiremos el humo venenoso

 

desayunemos luego en Venecia y te mostraré el cuadro que originó Bomarzo, y me mostrarás el resto

 

 si me silenciás ahora, un chal de seda negra dará cuenta de tu voz

 

horca

Pat

con todo el horror como testigo

 

 

 

Tierra vos

 

Enorme

gerundiamente, como instruyen los dioses,

la tierra metal, la vida aciencia, la visión aguda como un eco

 

El filo te retiene, no hay duelo que haga feroz la armonía

ni un círculo en el borde, en la alta copa, en la ventana alta, que te separe

del crepúsculo

del otro lado

del vencedor

del animal sereno

 

Supe despedir a esa nube

cuando decías

que el hacha se vuelve volcán

en el corredor

donde

quisimos morir

 

 

 

El nombre verde. Hunny Paterson*

 

Pared de aire

por debajo de la tierra sub-levada

en el lugar de los árboles

Hunny Paterson se demora. Las piedras. Aquel sueño. La crueldad del aire.

 

Oculta en las piedras, todo es posible.

 

Hunny Paterson no habita la muerte.

Va en demasía.

Al galope sus mundos

y no duerme.

 

Del sol y los buitres desespera.

 

Cree merecer su libro más oscuro

el nombre verde de una ventana abierta

la cuerda que olvida la guitarra

ese vino que ya no sabe

 

a la torre, a la piedra, a Segismundo.

 

 * Cfr.: Juan Gelman, Poemas de Sidney West

 

 

El hacha

 

 

Llevame

en la respiración

de los soles

primitivos

 

burbuja azabache el soplo

tramado por los vértices de tu cuerpo

 

-piel, sé hacha,

expiemos

la suite para violín desnudo, aquélla-

 

Ante vos

siempre fracaso

 

Soy un todo de inútiles contundencias

 

 

 

Pentesilea

 

 

Se ha hurtado el casco negro y el cabello se disuelve

y la atavía.

No hay tablero más exacto.

No hay otro laurel.

 

Algo dicta al arte tu partícula más inútil.

 

En la pequeña hora,

la espada lejos del amoroso vuelo,

Héctor ha de morir

tres veces

en torno a Ilión.

 

 

 

Pentesilea, II

 

Supe que era un Priámida

 

Volvió de la muralla, de las tres vueltas que Aquiles impuso

y yo, pequeña en esa llanura, nombré la deriva, una forma de volver

y Héctor, hijo de Príamo, ya no dudó del metal

del fiel caballo, de mi torre

del casco que sería mío

 

La pira era yo, tan semejante

 

Todos sacrificamos las mañanas

para reír en la estepa.

 

 

 

Hoy y mañana, II

 

supiste sabíamos de la noche agua cripta

en arco respiramos

serpiente cóncava el paso abierto

murmullo

así

 

tocame si atestiguo tu sueño las visiones

golpe

de

luz

la risa

 

la bóveda le habla a la forma

el cautiverio

trazaste

el desahogo de la rueda, su molicie

urgente

 

 

 

Getsemaní

 

La tensión del pie al  acuñar su sandalia

su exquisita vanidad

una y otra vez

alienta el naufragio

en nuestras noches de Getsemaní

 

 

 

Horca

 

apocalipsis

inminente

sobre

la tarde

vos en buenos aires y yo

prohibida fuga

 

 

la mirada despiadada que me negaste

y esta lluvia

respiran nuestro tósigo

 

 

 

Las marionetas

 

La condenación del límite mutila a aquel que has sido.

Como Fausto ardes

y yo grito desde el infierno

que escribimos sobre las piedras.

Hoy la calle inmóvil bajo el agua

es la claudicación del cuerpo, un mudo albergue.

Las luces aullaron octubre y son octubre;

piernas taladas todavía son

para los rituales que esperan.

 

A destiempo, la danza enmudece.

Mi cuerda es la voz de cuchillos remotos.

Mi nombre es el pacto entre los dientes

y la liturgia.

 

Al oeste yaces;

yazgo al sur de las ciudades

cuando el telón desciende entre nosotros y los aplausos.

 

 

 

Señor de la batalla

 

en tu laberinto

quise quedarme

pero la altivez se traza con sangre

 

anduvimos por esquinas suburbias y hoy despierto a la carcoma

la lámpara desvía la plegaria

de una orden

de la pesadumbre

 

la camisa esculpe un vientre y sé que está vacío

 

duélenme los trinos que al alba convocan,

duéleme ese nombre que no es de pájaro ni de fauno

 

 

ahora el desierto:

llevaré otro trino, no el de hoy, sabiendo esta mañana,

espejo contiguo -eras espejo-

que ya no queda cosecha para morir con mérito

 

 

 

El punto débil

 

el corredor anuncia

lo que jamás ha de ser

a tierra en cielo, a voz en agua, lo que nunca

ha de fingir

exaltación de la vigilia

 

cruje ese libro extremo que la lluvia nos roba si hemos volteado

y la noche negra cabalga

 

y una forma que dijimos no importa

perturba

el pan

 

y la violencia que dijimos no importa

asciende

el hierro

 

y el cerro que dijimos no importa

es mujer periplo

cascada

o vos, hombre

 

y las sirenas ya gritan

y la cabeza tiniebla el interior del templo

y todo silbo vegetal insinúa

un después

 

 

y toda barca estalla diluvio

y dijimos no importa

toda

barca

nos lleva

adonde

no

 

no

 

 

 

La partida

 

Mi canto noctámbulo es mi espada

dijiste

en otras arenas

 

alfil en camino oblicuo, el desdén

caballo, si de madera o qué importa,

la torre

siempre de babel y no, cuando callamos

 

Yo de la vida traigo

un sabor amargo de cicuta,

dijiste

en otras arenas

 

Protégenos del sueño

que de esa materia estamos hechos

y de la ceniza

 

Adán, nombrando al universo

 

Raquel, en su lecho elegido

 

Caín, la víctima

 

Nosotros, tan nuevos y tan antiguos

 

 

 

Isla de noche

 

Llora sobre el cuerpo de un animal dormido

y nadie espera en el jardín

 

Las arboledas hacen silencio a su paso

y los ciruelos envejecen

incapaz la noche de abrir el azahar ya partido

 

No llora la palabra

no llora el llanto no llora los dedos quietos no llora la piel de la tierra

no reconoce la risa ni la piedad de aquella noche

 

Nadie mira esta niebla que desanda los huesos, esta palabra

que tuerce la caída

el perenne calor del hierro y la furia

la estampida de los caballos

la cascada de los dioses en Islandia

 

 

 


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