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In limine

 

 

 

 

 

Lucifer

 Para Isaías Garde

 

 

1

 

Destiló la verdad como una espina roja sobre la arena

La sierpe abrazó la frente adánica

Un ángel se acercó para nada

La tierra gimió

Las galaxias consintieron la medida justa

Un tigre abrevió la caza bajo la luna

Lucifer es

Yo fui

Yo soy Lucifer y los soles giran y nada importa

 

 

2

 

Llevo el sueño todavía entre naufragios

y siempre su voz áspera

de siglos

vulnera el espacio hasta la última pared de los recintos

donde me recuesto, piel descalza en la llovizna.

 

Nos une una quimera sin respuesta

que quiebra las lanzas.

 

Quema el viento con tu humor.

 

Clausura los dones del infierno, este secreto

de los que tienen sed.

 

 

3

 

desde el misterio revulsivo de las oscuras aguas

hasta el alba que se quiebra y nos rehace

somos el umbral y la ceniza

y te reconozco:

no veo el cadáver que caerá como la noche

no toco el aliento blanco que se irá contigo

no oigo los dedos exánimes abandonar la tierra

y mis sueños

 

cuando te reconozco antes de la vigilia

estás naciendo todavía

y no sé

no debo saber

cuál es tu apuro para morirme

 

 

4

 

Reconocía mi intemperie desde su alabanza

Acordó su miseria a mi miseria

Halló un suelo para buscarme y se hizo árbol

Supo de mi cuerpo cuando yo moría

Abrió un sendero desde mi puerta

y me hizo fruto

 

Me cubrió con sus manos

y entonces yo fui Lucifer.

 

 

5

 

los fragmentos de la noche le debo

y hasta puedo armar el ajedrez de antaño

y mentirle a la mañana

 

los fragmentos de mi cuerpo serán otro cuerpo

un nombre inaudible en el cuenco de la tierra

en la noche que has sido todas las noches,

Lucifer

 

 

6

 

Ellos te amputaron.

 

Qué decir si del perdón se trata.

 

Ellos no hicieron de la llanura galaxia

no robaron el fuego

no te dieron nombre.

 

Sólo cantaron sus victorias

porque temen tu victoria.

 

Torpe criatura

virgen en desuello,

tu intemperie atavía como una sombra.

 

Ellos te amputaron un mediodía.

 

 

7

 

Un árbol durmiéndose sobre su raíz he pensado:

la hez de la alegría

tu herida

esa culpa permanente, cosida al límite.

 

 

8

 

Una voz otros viajes por dentro

mujer primordial o las cavernas del sol

hacia el origen,

y la noche descalza

(si te hablaran de mí las sirenas

hasta donde la piedra duerme).

 

No es una castración de alfiles

ni el hueco ígneo del caos.

 

El brazo que me ha disparado mece la lentitud del mediodía.

 

Quedó el sueño del campanario

en el ajedrez de una crónica:

sobre un vestido negro

una estaca

aún abre la llovizna.

 

A prisa en el silencio

he quedado

para no interrogar ya nunca

al viento

sobre tu fiesta secreta.

 

 

9

 

aparta de mí el estío

 

 

10

 

aunque sólo intemperie, salté como si regazo

a la batalla victa

 

soy la rama de mi sangre que te absuelve

 

 

11

 

la voz con que decimos y no decimos

el canto en el espejo que devuelve los ojos antiguos

 

el universo contrayéndose

la orilla del cazador

la voz del pájaro antes de la jaula

 

 

 

12

 

ve al fondo

la miseria me recuerda

 

resuelve la cuerda: el mal y el bien son sólo uno llamado mal

 

 

13

 

cómo decir el dolor

la desnuda frecuencia

la inminente rebelión

el destierro

 

tu renguera, la sal sobre la montaña

 

la bella espera, Satán

 

 

0

 

 

haya luceros

y allí será el llanto final

 

 

 

 

Plegaria

 

dadme a cambio una madrugada donde haya espera

el mar que no sabe mi secreto

el cielo que no sabe tu secreto         dadme la magia 

y la noche sin sus criaturas

el árbol que no mide el sosiego

dadme el puñal por fin y la calavera que he sido

los silencios y la calavera que has sido

dadme la sinfonía de la tarde          dadme la distancia

y el cuchillo      decid que he mentido y en qué tiempo

dadme la palabra de la biografía

 

y la música

porque yazgo en un témpano  

dadme el témpano y el sol

tu alfombra de nísperos dadme y la ciudad enferma para que ande sola

buscando tu edificio

vivirte es componer una música muerta dadme la música tengo frío

dadme el frío dadme la magia

dadme un solar sin llamas sin pájaros        sin tu voz

encuéntrame en las grietas del universo

en tus grietas

 

allí estaré para que te adormezcas cuando el dolor

dadme una paloma dadme la noche y el pan

allí, el pan celeste allí tus heridas

dadme la obsesión de la pantera dadme el credo dadme la pantera

la ironía

la magia

traedme a las musas cuando esté muriendo, como ayer

 

allí estaré

 

los años caen como rejas dadme las rejas

decid que no he mentido

dadme la mentira y la misericordia

 

 

 

Ecce Sack

 

Bajo mi techo

alguien

cruza la nada, este muro.

 

Lo inesperado fue amanecer.

 

 

 

Mi región

 

Mi región es la noche. Otro juego.

 

 

Adolezco orilla

me detengo en el aire

atravieso el occidente y el desencanto y adolezco estirpe

ciudad perenne  y ajena,

yo orilla

adolezco, corporeidad del poema

ausente

de otro,

en cautiverio yo te reescribo

en el muro.

 

 

Es demasiada noche, es el muro, es el círculo final de los bosques

cuando te pronuncio

    y luego este letargo, y las prisiones.

 

 

A muerto retumba el silencio de la hora tardía, ámbar océano criatura,

bajo la letra, sobre el crepúsculo, entraña vuelvo,

decapitada.

 

 

Y te veo, tras los cipreses, morir como un lagarto

de sed

de amor,

y el arroyo tan lejos tan cerca.

 

 

 

Ceremonia

 

Hueso blanco. Tocas el hueso, lo desnudas.

Sueltas la tierra bárbara, mi exilio.

Es el pánico

y el templo de agua se tuerce.

Hay la sospecha del trigo. Sube. Sube hasta mi único ojo

en septiembre.

 

En la gruta los vientos me naufragan

y somos la doble sombra.

 

Me despide un sable, una tregua.

La siembra exige una luna en la garganta.

 

Un ángel en el hueco de la altura.

 

Tengo un disparo para ti,

una patria.

 

 

 

El otro muro

 

Todas las formas de la carne

son hijas del tiempo,

simulacros.

Octavio Paz

 

Con guirnaldas de eneldo te vestirán al atardecer.

 

 

La muerte que temías

tiene mi rostro y una túnica de almendra,

un ojo perfumado de peñas

para tu escultura.

 

 

Te hubo escultura la vida,

desierto olvidado del fuego líquido

que eras.

 

 

Yo soy tu muro,

la sonrisa de cal, la guirnalda con que te atavían

ahora

para la tarde.

 

 

 

In limine

 

I

 

en el revés del espanto hay una reja

un agujero

un río de alquitrán

            de pies cortados

                        de uñas sin nombre

en mi puerta hay un último candado que no conozco

cuido su fragilidad de hierro

la ilusión de su brillo

su cautiverio

en el revés de mi cuerpo hay una trampa

un montículo de diamante

y barro

un nicho donde despierto

la locura

la víscera que anhela un cuchillo o la clave de la luna

errante inmóvil perfecta

 

 

en el revés de todo

todo me llama

 

 

II

 

una rama de almendro junto a la cama

un insecto

un techo blanco la parálisis el destiempo

la nostalgia de la tierra

el pensamiento mojado

un sueño huidizo una voz circular que vuelve

desde un túmulo donde me escondo

la voz

la pared

la mano desquiciada hórrida sabia

herrumbre elemental de la vigilia

la llave reciente una nube aquella grieta

el frío terco

las claudicaciones

un hueco donde naufragar y quedarse

solo

 

 

III

 

Me he sentado en el umbral

con la muerte cautiva en mi ropaje.

Es la marcha crepuscular del tósigo

que inclina los cipreses.

 

Es julio en mi umbral.

 

Fue el éxodo amarillo de los tigres.

Es un tigre que aún clama para irse

mi última mirada.

 

No nos fue dado:

alguien dispuso otro modo de partir.

 

 

 

El juego de las decapitaciones*

 

 

un pacto, dicen ellos,

vamos, sí

 

no se olvida el juego de las decapitaciones

el río

si para tenerte aquí

había

que

 

jugar a la jaula vacía, resistir, servirte

zona continua

 

atravesado aire, otra voz

 

júbilo en la orilla, el llamamiento

 

* Cfr. José Lezama Lima

  

 

Tauromaquia

 

fue un andar de lirio entre los toros

arena inmóvil surcos como ríos

rodillas sirenas bajo el sol negro

me apago en el resplandor óseo del agua

es algo de muerte en el ruedo donde los gritos

serpientes mi cabello y las piernas

mi voz se quiebra

es otra

me llama

 

sea, pienso, y el aire abrasa

 

sea, y escarabajos azules trepándome

y una lanza asiria

 

un murmullo se apacigua entre mis ropas

 

sea, dije, olvido

 

 

ese búho en ronda lunar

se busca en mi ventana

y hunde sus ojos secretos


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